El dato provoca escalofrío: la deuda pública argentina crece a razón de 862 dólares por segundo.
Ahora mismo, cuando pasaron unos cinco segundos de lectura, el Estado tomó préstamos por casi 4.300 dólares.
En realidad, como quizás ya pasaron unos diez segundos, la cuenta podría estirarse a casi 8.600 dólares, es decir unos 146.000 pesos.
Estas cifras y su vorágine surgen del sitio www.observatoriofiscal.org.ar, que preside Miguel Angel Asensio.
La novedad de la existencia de este espacio de información virtual fue difundida el domingo 26 de noviembre por el matutino porteño Clarín, en una nota firmada por Ismael Bermúdez.
De esos mismos números nace otro dato preocupante: si el reloj -que sólo expresa las leyes del tiempo- nos mata todos los días un poco, ahora también nos empiezan a matar los intereses.
Para colmo no sólo crece la deuda. También aumenta el déficit fiscal, que casi llega a los 25.000 pesos por segundo, lo que será equivalente este año a un 10% del Producto Bruto Interno (PBI).
Uno de los integrantes del Observatorio Fiscal Federal, que parece lejos de ser crítico del Gobierno nacional, dice que “la deuda es un reflejo del desequilibrio que tiene el país” y sostiene que, agregados los números del Banco Central, es decir las Lebacs, el endeudamiento crece al ritmo de “unos 1.200 dólares por segundo”.

Ahora bien, un aspecto crucial de este fenómeno es que en su inmensa mayoría esos dólares son tomados por el Gobierno Nacional y el Banco Central.

— ¿Es sostenible endeudarse a 1.200 dólares por segundo? —pregunta el periodista Bermúdez. La respuesta del Observatorio es previsible: “Puede ser sostenible por un tiempo, pero no puede ser una política permanente. Porque un país que tiene estas necesidades de financiamiento y tiene que salir a los mercados todos los años para conseguir 40.000 millones o 50.000 millones de dólares, está expuesto a shocks externos que impiden, en algún momento, conseguir tamaño financiamiento, lo que obligaría a un ajuste fuerte”.

Deuda, déficit y ajuste. Palabras que, como algunos números, en la Argentina vuelven a erizar la piel.

Por más curtida que sea.